“Cuando caiga, no quedará derribado, porque el Señor sostiene su mano”
Salmo 37:24

Por Hna. María Cristina Castillo
Somos dados a ir por la vida creyendo que somos capaces de hacerlo todo solos. Confiamos en nuestras fuerzas y capacidades para salir adelante en cualquier problema; hasta que algo nos tira al suelo y nos provoca un daño grande. Aprender a depender de Dios es lo que Jesús quiso enseñarnos con su ejemplo en su paso por la tierra. Jesús jamás hizo nada sin antes consultarlo con su Padre. Esa es la clave del éxito para el creyente, dependencia total de Dios. Depender de Dios es reconocer Su Soberanía sobre nuestra vida y no es fácil. La mayoría de nosotros cuando enfrentamos una dificultad, tratamos de resolverla con nuestras propias fuerzas y recursos, olvidándonos de Dios. Él ha tenido mucha misericordia con nuestra vida, porque en los momentos de descuido, cuando hemos creído que podemos caminar solos y nos hemos tratado de soltar de su mano, Dios ha sido fiel no soltándonos.
Debemos aprender a depender de Dios y para lograrlo, primero, debemos reconocer, con humildad ante el Señor, que somos muy limitados, segundo, debemos tener una relación de intimidad con Él, basada en la obediencia a Su Palabra y por medio de la oración, que es una conversación permanente con Dios. Toma unos momentos de tu tiempo para reconocer y agradecer a Dios por todas las veces que, sin darte cuenta, Él te ha sostenido y te ha vuelto a levantar.
“Mi alma se aferra a ti; tu mano derecha me sostiene”
Salmo 63:8

